Entrega a su hijo a la Policía para que se encarguen desu educación

  • Le denunciaron por dar bofetadas a su hijo de 10 años. Así que tras una nueva travesura del niño lo llevó a la comisaría para que los agentes que le habían denunciado le dieran una lección. Se negaron, por lo que él se marchó dejando allí a su hijo.
  • Ha sido condenado por una desobediencia leve, ya que no se llevó al niño tal y como le pedía la policía
  • “No le puedo dar dos bofetadas, de acuerdo. Pues que me den una alternativa porque ya lo he probado todo”

Gerardo Ruiz Gómez tiene cinco hijos y el mediano se le resiste. Ha probado todos los medios educativos a su alcance, pero no hay manera de frenar las travesuras del niño, que ahora tiene 10 años. Hay veces, dice, en las que le daría dos bofetadas. Pero no se las da porque ya le pusieron una denuncia por ello.

Así que a principios de año, cuando el niño fue expulsado del colegio por faltar el respeto a un profesor, entendió que no le quedaba otra alternativa que llevarlo a la comisaría de la Policía Municipal de Egüés, para que los mismos agentes que le habían denunciado le dieran una lección. Los policías se negaron, le dijeron que no era su cometido, pero él insistió, así que se marchó y les dejó a su hijo en comisaría. Ha sido condenado a 135 euros de multa por una falta de desobediencia leve.

Para entender los pormenores del comportamiento de este vecino del valle de Egüés pero natural de Málaga, consultor financiero y licenciado en Derecho y Periodismo, hay que remontarse a septiembre de 2006. Entonces, en unas fiestas de la localidad donde reside, su hijo mayor corrió a decirle que el mediano estaba peléandose con otro niño. “Le dije que pusiera orden, no le di importancia, pero cuando ya vino el otro padre a decirme que se estaba pasando, fui y le saqué de la carpa y le di dos bofetadas”. La acción fue advertida por agentes de la Policía Municipal de Egüés, tal y como recoge la sentencia de un juzgado de Aoiz, que le denunciaron. “Vinieron y me dijeron si sabía que eso era delito. “No, no es”, les contesté. Les di mi DNI y me marché”.

A la comisaría

Aquella denuncia no prosperó, pero volvió a la cabeza de Gerardo Ruiz en enero de este año. El niño fue expulsado del colegio por insultar a un profesor y decirle, según cuenta su padre, que le iba a denunciar por maltrato a un menor.

Cuando Gerardo Gómez supo el motivo de la expulsión, recordó el incidente con la policía. “No puedo darle dos bofetadas a mi hijo porque me denuncian, de acuerdo. ¿Y ahora qué? Que me propongan una situación alternativa, porque ya lo he probado todo”. Con este razonamiento, y “entendiendo que no le quedaba otra alternativa”, se lee en la sentencia del juzgado, tomó a su hijo y se dirigió a la comisaría. “Me presenté, les expliqué lo que había pasado y les exigí que amonestaran, regañasen o hicieran lo que considerasen pertinente con mi hijo. Les dije que les iba a dejar a mi hijo para que ellos lo educaran y que me lo devolviesen cuando estuviera listo”. Los policías le dijeron que no era su cometido. “Les dije que sí, que si me habían denunciado por darle dos bofetadas, que le dieran una lección al niño”. Los agentes le instaron a que se llevara al niño, pero Gerardo Ruiz abandonó el lugar dejando allí a su hijo.

Poco después le llegó una citación del juzgado de Primera Instancia nº 2 de Aoiz, donde fue juzgado por una falta de desobediencia y otra por abandono a un menor. Fue condenado por la primera. Según relata la juez en la sentencia, el padre “considera que el comportamiento de su hijo es inaceptable y que no está dispuesto a ser denunciado nuevamente, por lo que la única salida que ve a su conducta es que sean los propios policías que un día le denunciaron quienes le hagan ver que no puede actuar en los términos que lo viene haciendo en casa y en el colegio”. La juez no ve delito de abandono, puesto que el comportamiento del padre “se guió, única y exclusivamente, por su obcecación ante el comportamiento incorrecto que su hijo había tenido en el colegio”.

Gerardo Ruiz reconoció los hechos tal y como los narró el policía. Pero su interpretación es muy distinta. “No hay desobediencia, no estamos ante una falta de orden público ni está en peligro la integridad de nadie. En todo caso, hay una desatención de auxilio por su parte”. Su análisis de lo sucedido va más allá: “¿Y el problema con mi hijo, que es la razón original de todo este asunto? Si algún día termina quemando contenedores de basuras yo seré el culpable. Por supuesto”.

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